De la protesta a la propuesta

Actualizado: 11 de jun de 2019

Por: Andrés Alfonso



Basta con observar la coyuntura nacional para poder empaparse un poco de coraje e indignación, hierve la sangre cuando nos topamos con noticias llenas de injusticia, crueldad o inclusive ataques a nuestros principios e ideales. De texto en texto se va colmando nuestra paciencia para así, dado el momento, volcar toda nuestra energía a la "revolución" de los 140 caracteres pero, ¿Esto realmente ayuda en algo?. Otros, queriendo o creyendo ir más allá, se enlistan en paros, protestas y plantones con el fin de exigir y reclamar, para bien o para mal, soluciones a una problemática específica. Nace un grupo de personas deseosas por un cambio, marchan en pro de sus banderas dando así varios golpes mediáticos, su preocupación ahora es tema nacional aunque, ¿Se cumplió el objetivo?


La verdad es que no, criticar o hacer visible una temática no implica una resolución efectiva e instantánea, estas preguntas aunque sencillas nos demuestran que estos ejemplos podrían representar el 30% del trabajo necesario, sino es que es menos, de un remedio veraz. Tan grave es la situación que, por ejemplo, a pesar de haber ganado el NO para el plebiscito realizado en el 2016 el gobierno de turno decidió proceder con los acuerdos de paz sin modificaciones de peso. Con este resultado, ¿bastaría solamente con marchar? o ¿será que el presidente reservó tiempo para mis tuits?, Las respuestas son no y rotundamente no, por esto es que es necesario estar allí en las posiciones estratégicas que nos permitan contribuir, poco o mucho, en el direccionamiento social hacia la corrección cierta y objetiva.


Pero antes de continuar, debemos definir el cómo de nuestra contribución, porque entendiendo su verdadero propósito evitaremos el estancarse en una actitud de tía criticona. Es ilógico exigir soluciones a quienes están obrando mal, quedarnos en la altivez o superioridad moral al sólo señalar las problemáticas pero no sugerir una posible solución. De aquí es bueno tomar el ejemplo de Guillermo Ramírez, un profesor de Administración de Empresas que a pesar de no tener todos los conocimientos necesarios, como lo expresa en su documento "¿Por qué no funciona Transmilenio?", se atrevió a realizar un acercamiento a lo que podría solucionar en parte este sistema. Este educador no se conformó al sistema, cosa que le permitió tratar de ayudar para su mejora.


Por lo tanto a una convicción le debe respaldar una acción, de lo contrario solo estamos dando golpes al aire y obtendremos casos como el de una mala legislación, adoctrinamiento masivo o hasta dejar en libertad a narcotraficantes y asesinos. En pocas palabras se están burlando de nosotros, de frente sonríen y nos dicen "quizás quizás quizás" cuando les pedimos responsabilidad por sus actos, mientras les encanta que entremos al mismo juego de ciertos medios de comunicación que solo van a la crítica pura y dura, en su mayoría divisoria.


Pero con esto no quiero que me mal entiendan, no quiero decir que las arengas o el activismo digital sean erróneos e innecesarios, mi crítica va dirigida a la adquisición de una maestría en queja y victimismo, por ello es que si queremos un cambio real nos compete ser partícipes y activos en la transformación al entender que, no todas las revoluciones son masivas o ruidosas, pero indiscutiblemente debemos ser parte de las mismas, porque todo esfuerzo vale la pena, pero quien habla y no actúa acaba en la pobreza subyugado por sus contrarios.


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