¿Existe el marxismo cultural?

Por Jonathan Silva, Ruge Bogotá




“Marxismo cultural” es un concepto políticamente interesante pero académicamente inexacto. Es inexacto porque pensar que Marx hubiese pensado en una revolución cultural, es un contrasentido en la medida en que la filosofía de Marx no era idealista sino materialista.


La idea de Marx era justamente que las revoluciones no son culturales, las revoluciones son de clases, materiales, al nivel de la base social, de las estructuras económicas. Eso es Marx. Entonces, adjuntarle la idea de una revolución cultural sería quizás un tanto injusto académicamente con Marx. Ahora, políticamente resume muy bien el espíritu de los intelectuales(progresistas), de las nuevas izquierdas, porque habiendo partido de Marx, trastocan tanto a Marx, le dan tanta vuelta, lo repudian en muchas cuestiones, (que) terminan postulando la idea de una revolución ya no al nivel de las clases sociales sino de los grupos que se definen en la esfera cultural.


Las nuevas izquierdas han tenido que re configurar el discurso clásico de su pensamiento. Pues ya el obrero no quiere hacer grandes revoluciones, lo que le interesa es cambiar de carro y salir de viaje, por eso el materialismo no cobra aquí relevancia, pero lo cultural es a lo que realmente le apuntan, su principal objetivo es atacar la religión y las tradiciones desde sus narrativas.  El interrogante se relaciona con este otro: si uno corre del medio a la religión, ¿qué queda?, ¿por qué habría alguien de molestarse de que hubiera sociedades conformadas por grandes líderes de una nueva izquierda, por ejemplo? Muchos decimos que esta civilización, con matices, con imperfecciones, con diferentes características locales, es occidental y cristiana. Para hacer una revolución cultural lo que hay que atacar es la tradición cultural de una civilización, atacar el pensamiento cristiano, y a través del discurso apartarlo del debate, acusándole de no tener argumentos “fuertes”, y mal usando el argumento de estado laico, creyendo que el estado laico sirve para callar a los que piensan en torno a su fe. Olvidando que este es un estado social de derecho y pluralista, esta última parte se les olvida. Porque ellos(el progresismo, la nueva izquierda) van por el poder político, por el estado. Para hacer la revolución cultural lo que necesitas es la intromisión de un Estado cada vez más autoritario. Occidente se ha regido en general por la idea de organizar un orden social que avance de forma espontánea. Esto es, que no haya ninguna cúspide, que no haya ninguna cabeza rectora que diga “acá tenemos que hacer esto” sino que las cosas se vayan dando conforme las interacciones libres de los seres humanos. Un caso es el lenguaje. El lenguaje no es un invento de nadie. Es el fruto de la libertad humana, de la acción comunicativa de todos los días de los seres humanos. Pero ahora de nuestros impuestos nos toca pagar a funcionarios del estado para que reeduquen la gente, y les hagan caer en cuenta que están muy mal. Nada de esto se logra sin estatismo. Un enfoque particular, aunque hay muchos temas, es el intereses en el papel de la mujer con una instrumentalización de su lucha a través de algunas corrientes feministas. Este último ha promovido el aborto cómo derecho fundamental. El aborto, por caso, nació fomentado por diversos factores no estatales, y va de abajo hacia arriba. La debilidad del sistema está en que cuando esas individualidades, por moda, por financiación extranjera, por lo que fuera, son mayoritarias, pueden imponerse al Estado. Y habiendo quitado del medio a la religión, no hay razones para poner un límite. Es decir, ¿por qué no concederle a una mayoría de abortistas que el aborto sea legal? ¿Por qué no conceder a una mayoría, tal vez inexistente, que la droga sea legal? Yo lo resumo en que los progresistas buscan ratones de laboratorio, en especial jóvenes militantes para promover su discurso, y que este discurso sirva a los grandes capitales extranjeros, que promueven el capitalismo salvaje, tomando por negocio el aborto y la legalización de la droga. Solo hay que entrar a las páginas de muchos de estos inversionistas y ver cómo financian movimientos progresistas en América Latina. Pues ellos, son los principales beneficiados, ese es su negocio.

Todo esto necesita un discurso, la duda es si no hay cosas que son intrínsecamente malas o intrínsecamente buenas… al margen de las constituciones, al margen de la ley. Porque como ley puede aprobarse cualquier cosa. Ha habido varias interpretaciones sobre eso. Primero, una interpretación más bien medieval, digamos, en que lo bueno y lo malo tenía un fundamento duro que era Dios. La modernidad socava a Dios y deja al hombre en un estado de confusión tal que tiene que apelar a la razón para reestructurar todo el sistema moral, y más o menos lo puede hacer. Y después va a venir la posmodernidad, donde se dice que lo bueno y lo malo no existe. Y así es hoy. Lo bueno y lo malo en verdad no existen. Todo depende de cómo el discurso construye lo bueno y lo malo. Entonces esto termina siendo una guerra cultural por el discurso público. Nace la pregunta de cuáles son realmente los dos bandos… Bueno, acá se ha perdido todo punto de referencia a partir de lo cual podamos especificar qué es lo bueno y qué lo malo. Y eso es uno de los frutos perversos de la…posmodernidad, en la cual estos grupos se circunscriben en sus teorías y sus prácticas. Para ellos, un feto es un “saco de células” y que el aborto y la vida son unas construcciones sociales. ¿Y qué rigor científico tiene eso? Ninguno, pero no importa. Lo que importa es la post-verdad. Y sin verdad no hay moral. Para esto necesitan a Marx, para esto necesitan el marxismo cultural, o como otros lo llaman: el post-marxismo.

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