¿Joker causa la protesta social en América Latina?

Autor: Carlos Niño @carlnino


Antes de empezar hago la siguiente recomendación al lector: si no ha visto la película, no siga leyendo pues este artículo contiene spoilers. Aunque, creo que soy de los pocos que le vio en las últimas semanas.




Supongo que ya capté su atención. Bueno, si usted gusta de teorías conspirativas quizá encuentre aquí material para una. Aunque, en realidad, lo que hago es un análisis de fechas y hechos recientes, partiendo de una película de cine contemporáneo, con el fin de manifestar una postura crítica frente al descontento popular, y la capitalización que de él hacen aquellos liderazgos que ven el populismo como una herramienta para acceder al poder.


En la última entrega de los premios Oscar, sucedió lo que muchos esperaban: finalmente el Joker (Guasón, en español), interpretado por Joaquin Phoenix, alcanzó el premio como Mejor Actor. El fallecido Heath Leadger, estuvo cerca de recibirlo, de no ser por su anticipada muerte. En aquella ocasión, la interpretación del Joker logró el Oscar al Mejor Actor de Reparto (2008), solo qué, fue entregado como premio póstumo. Por esa razón digo “finalmente”.


Debo confesar que fue gracias a la premiación (y al tiempo libre que tuve por una semana), que decidí ver la película Joker. Y fue imposible pasar por alto la similitud que advertí frente al estallido social que vivimos durante el final del año pasado en Latinoamérica.


La historia (que no se sabe si es el origen del Guasón de Batman, o si es su inspiración para un villano posterior), es sumamente dramática. Al iniciar la película, y basado en algunos comentarios que pude leer previamente, pensé que el desarrollo se trababa de un “resentido más” que a causa de su propia situación desesperante decide volverse villano. Me llevé una gran sorpresa al ver que se trata de una persona bajo tratamiento psiquiátrico, que intenta llevar una vida normal luego de salir de una clínica de reposo. Pude reír, sentir angustia y desespero, y hasta misericordia por la vida de Arthur Fletcher. He tenido la posibilidad de ver de cerca como una persona con tratamiento psiquiátrico sufre a causa de sus padecimientos, así que pude comprender esa parte de la historia. Inclusive, como defensor del derecho a la legítima defensa, entendí los disparos a sus agresores mientras viajaba por el metro de ciudad Gótica, luego de ser despedido. Pero, todo empieza a cambiar en mi perspectiva, al ver que Arthur persigue al agresor que queda herido para rematarlo con las tres balas que le quedaban en el tambor del revolver. Allí recordé que él estaba enfermo.


El desarrollo de la historia de este villano continua con el incremento de su trastorno y, en medio de sus alucinaciones, la noticia de un payaso justiciero contra la desigualdad en la ciudad es alentada por algunos medios de comunicación. A medida que Arthur descubre su historia de vida, una serie de manifestaciones van estallando de a poco en algunos sectores de Gótica, siempre con personas con máscaras y maquillaje de payasos. Y ante esto, él va percibiendo que todo lo que está sucediendo en la ciudad es gracias a su accionar. Mientras que va aumentando su psicopatía a medida que va asesinado, el descontento social también se incrementa con el pasar de los días. Paradójicamente, a medida que se va convirtiendo en un criminal, su vida “profesional” como comediante va en ascenso. Hasta que, el mismo día que podrá conocer a su personaje favorito de televisión, apareciendo en la pantalla chica por segunda vez (esta vez en vivo), se realizará una gran manifestación de payasos en el centro de la ciudad. Durante el show al que es invitado, Arthur confiesa el delito en televisión, justificando luego su accionar y el de los manifestantes, en la premisa que dicta que “ellos (los ricos) nunca se han puesto en los zapatos de las personas como yo, los olvidados”. En otras palabras, en la falta de empatía. (¿?)


Luego de asesinar a su admirado presentador, es conducido en una patrulla de la policía entre los saqueos y disturbios presentes en la ciudad. Vehículos incendiados, locales comerciales destruidos, caos generalizado, personas agredidas y una policía armada pero inerme, abundan en las escenas finales, mientras que el Joker observa con satisfacción pues todo ha estallado gracias a él. Y no es tan solo una percepción, pues al ser rescatado por accidente, los manifestantes le reconocen, y con creces.


Lo particular de esto y lo que me generó tanta curiosidad e inquietud es que el estreno en salas de cine del Joker fue el 3 de Octubre en casi toda Latinoamérica, incluyendo Chile, Perú, Ecuador y Colombia, mientras que en los Estados Unidos y Bolivia, el estreno fue el 4 de Octubre. Ambos días cayeron jueves y viernes respectivamente. El mismo 3 de octubre estallan protestas en Ecuador, que se intensifican durante ese fin de semana, hasta que el 9 de octubre las manifestaciones se tornan más violentas. Algo parecido sucede en Bolivia ante la situación demostrada de fraude electoral acontecida el 20 de Octubre, que termina en la renuncia de Evo Morales. En Colombia, el estallido fue el 21 de Noviembre. En Chile, exactamente el domingo 6 de Octubre, en Santiago entró en vigor un aumento en el valor del pasaje del metro, lo que provoca una serie de “colatones” (probablemente muchos de los jóvenes salían de las salas de cine ese día festivo, luego de ver el estreno de la película), que se extiende junto con protestas los días siguientes, hasta que el viernes 18 de octubre las situación se sale de control. Curiosamente uno de los íconos de las protestas en el país austral fue el Guasón. Además, la canción “El baile de los que sobran” de la banda Los Prisioneros, es adoptada como himno de la protesta.


Podría hacer más apuntes sobre la película. Y además, quizá al ser tan tardías mis observaciones, tal vez pase por ingenuo. Sin embargo no me parece que sean propiamente casualidades los temas de descontento social, empatía, protestas y caos generalizado desatados, con tanta concordancia y exactitud en fechas y contenido entre un estreno de cine y las marchas vividas en el continente. Honestamente había pasado desapercibido el posible efecto del estreno de la película en las protestas que se desataron en esas mismas fechas. Tampoco me interesaba verla, a pesar de ser fan de las películas de comics. Sin embargo, de nuevo hago una confesión: al finalizar de ver la película en los últimos días, pude percibir en ella ese desazón que casi todos hemos sentido al ver la situación social de nuestro país, y que a algunos nos ha llevado a pasar de la protesta a la propuesta. Entonces me pregunto: ¿las pasadas protestas nacieron realmente en el corazón de la gente? O más bien, ¿el pueblo ha sido manipulado, no solo por redes sociales, sino también por medio de las artes, para un objetivo revolucionario?


Mientras que en la película, el desgobierno es totalmente evidente en ciudad Gótica, y se entiende el caos desatado (los que seguimos la historia de Batman sabemos del trasfondo político y social que envuelve el comic), en las sociedades latinoamericanas el descontento va creciendo ante la falta de acciones concretas del gobierno en muchos aspectos, entre esos, la corrupción. Solo que en la vida real, el sentir ciudadano ha sido capitalizado por sectores políticos que han encontrado en esas protestas la posibilidad de imponer su agenda, a pesar de no haber sido elegida de manera democrática para el legítimo periodo presidencial en curso (excluyendo a Bolivia pues se encontraba bajo un régimen de 13 años). Actualmente las protestas continúan únicamente en Chile, en algunos momentos. En los demás países han amainado, o desaparecido por completo. Sin embargo el descontento sigue creciendo, mientras que desde ambos extremos de nuestra polarizada sociedad nos encontramos en la disyuntiva de la reconciliación, ante políticas o actores que manipulan el sentir ciudadano, manoseando su voluntad, y olvidando el papel del gobierno servidor.


Lastimosamente “a otros contaron secretos que a ti no”, y no precisamente sobre desigualdad, sino sobre la manipulación creciente de los medios de comunicación. Si queremos aportar al cambio en la sociedad, debemos hacerlo con argumentos e información, con datos, con razón. No con esa pasión nihilista que nos vende el Joker y su deseo anárquico de incendiarlo todo “para comenzar de cero”. Es en el autogobierno donde comienza todo, y desde donde partirá esa posibilidad real de hacer justicia al menesteroso, a la viuda y al huérfano. Y esto, señoras y señores, no es justicia social, es justicia sin inpunidad.

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